Tus amigas son el amor de tu vida 
Rosa flaminga

Psicoterapeuta feminista, lesbiana tropical, me especializo en los avatares de la vida lésbica para resistir la discriminación y violencia sin que estas me sean ajenas, pues son parte del día a día.

Tus amigas son el amor de tu vida 
Foto: Pixabay

Hasta hace algunos años, en Yucatán era imposible declarar nuestro amor a nuestras mejores amigas sin que esto se tomara como una desviación de la normativa heterosexual, incluso entre lesbianas y bisexualas se mantiene como cliché el enamoramiento hacia la mejor amiga, como un aspecto unívoco de atracción sexual y por lo tanto que estas emociones, sentimientos y deseos necesariamente derivan en relaciones de pareja. 

La exigencia social de contar con una pareja y sexualizar nuestro afectos puede ser abrumadora, dejando poco espacio para explorar otras maneras de relacionarnos, sin embargo, a la luz de las libertades adquiridas, cada vez es más frecuente escuchar o leer un “te amo” entre amigas heterosexuales, lesbianas, bisexualas, asexualas. 

En el proceso de reflexión sobre los vínculos afectivos, nos podemos dar cuenta que una clasificación en categorías inflexibles como las orientaciones sexuales sirve como una explicación simple a experiencias mucho más complejas. 

Las disidencias afectivas son darse a la fuga de esas pautas rígidas que encapsulan emociones, sentimientos y estados anímicos. 

Cuando las mujeres tomamos conciencia de esos otros amores deseados, correspondidos y consensuados, algo pasa que nos permite entrever un resquicio para gozar la intimidad, ternura, amor y el deseo de compartirnos con nuestras amigas, cuestionando al sistema que te dice a quién amar y cómo amar.

Para el sistema patriarcal, sexista y heteronormativo, hay una retorcida concepción del amor como pacto que va en contra de nuestra libertad con exigencias de exclusividad, celos, posesión y control. La combinación del sexismo y heteronormatividad funciona anulando a las mujeres hasta ser entendidas únicamente como objeto sexuales para el servicio de los hombres y las masculinidades violentas. 

Este sometimiento de la afectividad y sexualidad de las mujeres es algo que ha ocurrido generación tras generación desde las primera etapas de la niñez, al disuadir a niñas y adolescentes de entablar vínculos afectivos fuertes con otras chicas. 

Tal vez ustedes han tenido la oportunidad de ver que las niñas y jovencitas se abrazan, toman de la mano y van juntas a todos lados hasta que comienza el asedio escolar, comunitario y familiar, haciendo muy difícil de percibir un espacio para la amistad. 

Para continuar el dominio sobre las cuerpas, afectos y sexualidades, se hace una merma en el tiempo de desarrollo de las niñas, considerándolas adultas plenas ni bien pasada la pubertad. 

En el caso particular de la península de Yucatán, es muy común que se promuevan los “noviazgos” entre niñas púberes o en la primera fase de la adolescencia con otros jóvenes mayores u hombres adultos. Basta que ellos muestren cierto interés hacia las niñas para que sean considerados pretendientes que, a fuerza de insistencia, sean aceptados como “novios” incluso cuando son familiares o figuras de autoridad. 

La Red por los Derechos de la Infancia en México reporta 12 mil 800 niñas, niños y adolescentes de la península de Yucatán que viven en unión libre o matrimonio.

El Consejo Estatal de Población indica que en Yucatán se registraron un total de 5 mil 054 niños/as nacidos/as de madres entre los 10 y 19 años durante el periodo de 2017 a 2019. Según el Censo de Población y Vivienda 2020 elaborado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, 2 mil 031 niñas yucatecas, mil 765 quintanarroenses y mil 154 campechanas tuvieron al menos un/a hijo/a vivo/a.

La niñas en nuestro contexto ya desde muy temprana edad se han hecho cargo de labores del hogar, cocrianza de sus hermanitos/as menores y también les han violentado sexualmente por integrantes de su familia.  

Como consecuencia de esa merma al tiempo de la niñez, además de la presión para romper los vínculos afectivos entre las mismas niñas, se suprimen actividades de juego y aprendizaje además de restringir el acceso a los espacios escolares y/o comunitarios. 

Al llegar a la adolescencia, la gran mayoría ya hemos introyectado rivalidad, envidia, desconfianza, celos y antipatía hacia otras chicas y mujeres. 

Esta introyección es parte del mecanismo de aislamiento social, elemento necesario para sostener la violencia machista al deshumanizar y convertir en meros objetos sexuales a las niñas y mujeres. 

Algunas jovencitas logran mantener cercanía con su/s mejor/es amiga/s mientras no estorbe a su relación de pareja. 

Durante la adolescencia y juventud se pueden ver esos tríos peculiares: la chica, el novio (el nuevo o el de siempre), la mejor amiga. 

Lo que suele ocurrir es: a) el novio quiere que la chica deje a su mejor amiga, b) el novio trata de seducir a mejor amiga, c) el novio quiere incluir a la amiga en su fantasía de un trio. 

Para las disidencias afectivas, la opción sería priorizar la relación entre las amigas, pues la amistad tiene la amplitud para dar sentido a todas nuestras emociones, sentimientos y deseos. 

Para las mujeres ha sido un largo camino contactar con otras mujeres de manera más íntima. He escuchado con frecuencia lo difícil que es conocer a otras personas y establecer vínculos. La soledad en la vida adulta tal vez nos ha llevado a tomar conciencia de la importancia del amor entre nuestras amigas de la infancia y adolescencia, si las hemos perdido, nunca es tarde para tratar de reconciliarnos con nuestra antiguas amigas o para tratar de encontrar amigas más acordes a nuestros intereses actuales. La amistad es potencia libertaria para amarnos como nadie nos ha amado y compartirnos entre amigas. 

La disidencias afectivas nos incluyen a todas las desobedientes: a las heterosexualas, lesbianas, bisexualas y asexualas que estamos en proceso de liberarnos de la opresión patriarcal que coarta nuestros afectos.