2 de octubre de 1968: una guía para explicar a tus hijos qué ocurrió ese día
El 2 de octubre de 1968 cimbró a México. Foto: Wikimedia Commons

El 2 de octubre no se olvida. Así dice la consigna que año con año acompaña a las manifestaciones en conmemoración al Movimiento Estudiantil de 1968. Es parte de nuestra historia, trágica y dolorosa, pero que como mexicanos debemos recordar para que no se repita nunca. ¿Qué paso ese día? ¿Cómo explicarle a los niños ese momento negro?

Simple y sencillamente… con la verdad.

Esta es una guía de los 10 momentos claves para explicar a los niños el movimiento de 1968. Conócelos tú, para que se los expliques a tus pequeños.

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El México que era en 1968

Para comprender la historia de México debemos tener claro lo que sucedía interna y externamente en ese periodo, no solo en nuestro país, sino en el mundo.

La Revista de Divulgación Histórica, El Cronista Politécnico, del Instituto Politécnico Nacional (IPN) señala en su edición 79, dedicada al Movimiento de 1968, que años previos a la fatídica fecha, México parecía estar en su mejor momento.

La industria mexicana se fortalecía, la economía del país se desarrollaba de manera notable y el Producto Interno Bruto (PIB) crecía entre el 6 y 7% anual. El mundo llamaba esta racha de prosperidad como el milagro mexicano. La base del éxito se debía a la estrategia de intervención del Estado en la economía y la expansión de Petróleos Mexicanos (Pemex).

“En el ámbito internacional, el gobierno tenía, como nunca, una orientación independiente a Estados Unidos, particularmente en lo que se refiere a Cuba, con quien no solo no rompió relaciones de orden comercial y diplomático sino que las mejoró”, se lee en el documento.

La imagen del gobierno en el exterior era impecable, pero al interior existía un sistema político y social dominado por la Revolución de 1910. El corporativismo y la creación de un partido hegemónico dio estabilidad al país, pero la figura del presidente se volvió todopoderosa.

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El contexto internacional

En la segunda mitad de los años sesenta los jóvenes, no solo los mexicanos, sino en todo el planeta, soñaban con un mundo diferente: menos rígido y sin autoritarismo. Surgieron movimientos y manifestaciones en contra de los gobiernos opresivos.

Por ejemplo, en Estados Unidos, protestaron contra la Guerra de Vietnam; en España contra el Franquismo, en Francia surgieron una serie de huelgas que pusieron contra las cuerdas al gobierno. La revolución cubana nueve años antes inspiró a los muchachos y les hizo pensar que la insurrección en América Latina no era imposible.

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Soñaban con un México demócrata

Parecía que el mundo estaba cambiando y los estudiantes mexicanos no querían quedarse callados. Por el contrario, “demandaban el espíritu democrático de la Constitución de 1917; lo cual sin ser abiertamente revolucionario, equivalía a denunciar y rechazar la tendencia autoritaria y corporativa del régimen“, indica el libro Historia Mínima de México, del Colegio de México (Colmex)

Y mientras los jóvenes soñaban, nadie en el gobierno se imaginaba que el status quo pudiera alterarse.

De hecho, Fulton Freeman, embajador de los Estados Unidos en México en ese año, dirigió una encuesta la cual arrojaba que 90% de los universitarios mexicanos estaba “satisfecho” con el régimen. No existían partidos políticos, solo el aparato priísta, por eso es que se dudó de la veracidad y trascendencia del movimiento.

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La protesta pone en entredicho el crecimiento económico

Mientras el gobierno se vanagloriaba con el progreso en México y las próximas Olimpiadas, la protesta estudiantil ponía en entredicho el modelo de crecimiento económico adoptado a partir de la Segunda Guerra Mundial y que acentuaba la distribución desigual de la riqueza.

“Pese a la industrialización rápida y la modernización agrícola, este modelo reafirmaba los lazos de dependencia externa. Los estudiantes, en su mayoría de clase media, no lograron sin embargo atraer el apoyo de los obreros y menos aún de los campesinos”, dice el libro del Colmex.

La mayor parte creía en el régimen porque siempre había mantenido al país “funcionando”.

La politóloga Aireé Coronado explica que las protestas del 68 no fueron nuevas. Entre noviembre de 1963 y junio de 1968 hubo al menos 53 revueltas estudiantiles en México. “Cuando el movimiento llegó al gobierno, este no entendió que se trataba de una manifestación diferente, una que abriría una brecha para transformar al régimen”, indica la escritora.

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Una riña entre estudiantes y la represión policial, el detonante

El 22 y 23 de julio, en la Plaza de la Ciudadela, un pleito entre “estudiantes” de vocacional y preparatoria (en el que en realidad participaron porros), fue intervenido por los policías y granaderos del entonces Distrito Federal.

Lejos de detener a los provocadores, persiguieron a estudiantes del Instituto Politécnico Nacional al interior de sus escuelas golpeando sin discriminación a jóvenes y autoridades educativas.

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Los jóvenes se unen y crean el Consejo Nacional de Huelga (CNH)

Ante el allanamiento de las instalaciones y el exceso de fuerza de la policía, los estudiantes del IPN convocaron a una manifestación el 26 de julio, desde el Casco de Santo Tomás hacia el Monumento a la Revolución.

En el camino una parte del contingente se dirigió al Zócalo, pero antes de llegar a la plaza, son agredidos por granaderos a macanazos y con gases lacrimógenos. Se replegaron a la Alameda donde se encontraron con otro grupo de jóvenes reunidos en el Hemiciclo a Juárez con motivo del aniversario de la Revolución Cubana.

Empezó una batalla desigual que terminó la madrugada del 30 de julio cuando el ejército intervino y derribó con una bazuka la puerta de la preparatoria de San Ildefonso de la UNAM.

Los jóvenes de la UNAM y el IPN se organizaron y crearon el Consejo Nacional de Huelga (CNH). Sus peticiones eran moderadas, pedían la desaparición de los porros, la liberación de los estudiantes detenidos e indemnización para los heridos, así como la desaparición del cuerpo de granaderos. El movimiento empezó a crecer, el objetivo era hacer más flexible al régimen, pero este no estaría dispuesto a ceder.

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El silencio del gobierno y las protestas multitudinarias antes del 2 de octubre

El gobierno intentaba por todos los medios mantener su reputación internacional y hacer como que “no pasaba nada”. Mientras tanto, el CNH convocó a varias marchas multitudinarias.

El 27 de agosto los dirigentes del mitin decidieron dejar una guardia de tres mil estudiantes en el Zócalo en espera de diálogo con el presidente. Un contingente de soldados con tanques anunciaron con altavoces que desalojarían la explanada, muy probablemente en vías al informe del gobierno que se realizaría el 1 de septiembre.

Para mostrar que a pesar de la represión el movimiento seguía con fuerza y era pacífico, el CNH organizó el 13 de septiembre lo que se conoce como Marcha del Silencio, partiendo del Museo Nacional de Antropología al Zócalo. Cientos de miles de personas acudieron en una demostración de disciplina. El presidente Gustavo Díaz Ordaz les envió una amenaza: “Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite”.

Días más tarde, el 18 de septiembre, el ejército entró a Ciudad Universitaria para tratar de detener a los dirigentes del CNH, pero el operativo fracasa.

Seguiría la ocupación del Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional. Si la toma de C.U. se dio sin un solo tiro, en la del Poli los alumnos no se rendirían sin dar pelea.

Tras doce horas de enfrentamiento, el ejército ocupó el lugar. Uno de los estudiantes subió a la azotea y con un magnavoz gritó a los uniformados: “¡Sepan que no tenemos miedo! ¡Podrán callarnos sólo si nos matan, pero no podrán ocultar nuestra razón!”.

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El 2 de octubre de 1968 es un día que no se olvidará nunca

El 2 de octubre se planeaba otra movilización. Irían de la Plaza de las Tres Culturas al Casco de Santo Tomás.

En una actitud amenazante, el Ejército montó operativos de vigilancia en las inmediaciones. A las 17:30 horas había alrededor de 15 mil jóvenes y los dirigentes informaron que la marcha se suspendería.

El mitin estaba por finalizar. Unos minutos antes de las 18:00 horas, un helicóptero sobrevoló la plaza y comienzan a disparar bengalas. Era la señal del Batallón Olimpia. Los francotiradores abrieron fuego.

Estudiantes, vecinos y gente que pasaba por ahí corrieron por la Plaza de las Tres Culturas y las inmediaciones del Edificio Chihuahua para tratar de salvar sus vidas. El saldo oficial fue de 20 muertos, pero en realidad se trató de una masacre.

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¿Por qué dispararon los soldados a los estudiantes en 1968?

Aireé Coronado cita al cronista urbano Carlos Monsiváis para tratar de explicar la psicología de Díaz Ordaz.

“Es la respuesta lógica de un aparato político formado en la impunidad que no ve nada malo en su pedagogía: ‘la obediencia con sangre entra’”.

También retoma la estremecedora crónica del escritor Sergio Aguayo:

“A las 7:00 am del 3 de octubre se presentaron las brigadas de limpia del departamento del DF que lavaron y cepillaron el suelo y se llevaron gran cantidad de zapatos, agujetas, cinturones”

No fue necesario que nos hablara del derramamiento de sangre ni de gritos despavoridos. Es posible imaginar la escena.

“La tarde del 2 de octubre el movimiento mostró al mundo su expresión más pacifica mientras el régimen se quitó la máscara para exhibir un gobierno despiadado y lo hizo paradójicamente antes de la mayor celebración universal de la paz y la concordia: los juegos olímpicos”, se lee en el análisis de Coronado

El presidente quiso deshacer de un solo golpe el movimiento estudiantil y lo hizo de forma brutal.

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Generó un cambio de consciencias

Gustavo Díaz Ordaz puso fin a la “toma de las calles” por parte de los estudiantes, pero abonó la consciencia crítica que no tardó en transmitirse a las siguientes generaciones.

El movimiento de 1968 ha tenido gran trascendencia en la vida democrática del país. Murieron muchas personas inocentes, pero su lucha abrió los ojos a muchos sectores de la población.

Los jóvenes le quitaron legitimidad y credibilidad al sistema autoritario de entonces, pero también sentaron las bases del proceso democrático en el país.

Surgieron los partidos de oposición, los medios de comunicación independientes y las organizaciones no gubernamentales. Todo gracias a esos muchachos que alzaron la voz.

El 2 de octubre no se olvida, ¿por qué? Porque de nosotros depende enseñar a nuestros hijos lo que sucedió ese día.

Este artículo se publicó originalmente en Baby Creysi. Consúltalo aquí.