Brexit: en crisis, y sin fanfarrias, el Reino Unido concluyó su etapa en la UE
No esperó el reloj. El 1 de enero marcó la salida total del Reino Unido de la Unión Europea. Foto. EFE

Peter Walker, Lisa O’Carroll y Daniel Boffey/The Guardian

Cuatro años, 27 semanas y dos días después del referéndum que prácticamente partió al país por la mitad, el Reino Unido dejó la órbita de la Unión Europea el jueves por la noche durante una despedida notablemente discreta, y llena de advertencias por las posibles disrupciones del futuro.

En un mensaje de año nuevo por momento sombrío, Boris Johnson ignoró en gran medida el Brexit, el resultado del cual es más obra suya que de cualquier otro político, para enfocarse en su lugar en los destrozos del Covid-19 y lo que llamó “la oscuridad de 2020”.

Con la mayoría de Inglaterra bajo duras restricciones, y bajo la advertencia de los hospitales sobre una terrible crisis invernal de coronavirus en las próximas semanas, las campanas del Big Ben, temporalmente reconectadas por los trabajos de restauración, retumbaron por las calles semivacías a las 11pm.

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Este fue el momento decisivo para el Brexit. Aunque el Reino Unido abandonó formalmente la Unión Europea en enero de 2020, el periodo de transición significó que casi todos los cambios tangibles se detuvieron, hasta ahora.

A partir de la mañana del viernes 1 de enero, los individuos y negocios en el Reino Unido y más allá se enfrentarán a una abrumadora variedad de nuevas restricciones, de las cuales todavía falta confirmar muchas, que van desde viajes, residencia, trabajo y turismo, hasta la distribución de bienes y servicios.

Un puerto y mucha ansiedad

La considerable ansiedad del gobierno sigue enfocada en la situación de los puertos del canal en Kent, particularmente después de que retrasos por Covid a principios de diciembre ocasionaron que miles de camiones retrocedieran hacia un aeródromo desocupado; uno de los diez sitios preparados para las posibles disrupciones del Brexit.

El momento del Brexit pasó sin hacer ruido en Dover. El pueblo se sentía fantasmagórico, pues el Covid vació todas las celebraciones de año nuevo, mientras daban las 11 pm con media docena de camiones intentando cruzar antes de la aplicación de las nuevas barreras comerciales. Dos policías les dijeron que el último ferry salió a las 9pm hacia Francia. Aquellos con evidencia de tener una prueba negativa de Covid-19 en las últimas 72 horas pudieron acceder al pequeño estacionamiento del puerto para dormir antes de abordar el ferry de las 7:40 am, el primer viaje desde Dover con las nuevas reglas de comercio del Brexit.

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Las autoridades tienen esperanzas de que el inicio de la nueva era sea tranquilo, pero están preparadas para posibles retrasos la próxima semana, pues los estimados del gobierno sugieren que más de la mitad de los pequeños negocios no están preparados para el fin del libre movimiento de bienes y servicios.

Todo esto se añade a la lista de pendientes del Primer Ministro que de por sí ya está desbordada con el impacto del coronavirus, la decisión del gobierno de retrasar el regreso a la escuela de algunos alumnos la próxima semana, y con el Partido Laborista que acusa al secretario de educación, Gavin Williamson, de “incompetencia serial”.

Objetos ordinarios de una pandemia extraordinaria serán piezas de museo.

Un primer ministro repetitivo

Johnson utilizó una buena parte de su discurso de año nuevo para anunciar el fin de un año “en que el gobierno se vio obligado a decirle a las personas cómo vivir sus vidas, durante cuánto tiempo deben lavarse las manos, cuántas familias pueden reunirse”.

Fue muy distinto a su mensaje de 2019, donde después de una aplastante victoria en las elecciones, el Primer Ministro prometió “un año fantástico y una década sobresaliente para el Reino Unido”.

Johnson sí repitió algunos de sus famosos impulsos para el Brexit esta vez, pues argumentó que el desarrollo de la vacuna de Oxford/AstraZeneca contra el coronavirus es ilustrativa de un Reino Unido “libre para hacer las cosas diferentes, y si es necesario mejor que nuestros amigos de la Unión Europea”.

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“Es un momento increíble para este país”, dijo Johnson, y citó lo que según él son posibilidades sin límites de comercio e innovación. “Tenemos nuestra libertad en nuestras propias manos y nos corresponde sacar el mayor provecho posible”.

La realidad, al menos a corto plazo, es que las 11pm del jueves 31 de diciembre marcaron el final de muchas libertades previas para los individuos y los comercios británicos, al nivel de la imposición de restricciones para los sitios a donde pueden ir los vehículos de carga dentro del Reino Unido.

Para mitigar la acumulación de camiones en los puertos del Canal, los transportistas ahora necesitan lo que se conoce como “Kent Access Permit” o “Kermit”, incluso para entrar al país. Desde el viernes, las autoridades podrán detener, multar con 300 libras (8,155 pesos), y enviar de regreso a aquellos que no cuenten con un pase de 24 horas.

No obstante, un problema que sigue sin resolución en el acuerdo de comercio, que alcanzó Boris Johnson con la UE en Nochebuena y que el parlamento aceptó como nueva ley, ya tiene un arreglo temporal.

Acuerdo de último minuto

Un acuerdo de último minuto entre el gobierno del Reino Unido y España permitirá que los gibraltareños se muevan libremente entre el territorio británico de ultramar y la UE, pero ese acuerdo entrará en vigor más adelante en el año.

La ministra de relaciones exteriores de España, Arancha González Laya, pidió esperar controles fronterizos, aunque levemente aplicados, como requerimiento durante los próximos seis meses para permitir que se formalice el acuerdo.

Bajo dicho acuerdo Gibraltar será parte de la zona de libre tránsito Schengen de la UE. Las revisiones se llevarán a cabo en el aeropuerto y los puertos de la Roca por la agencia fronteriza Frontex de la UE. Esto permanece un punto en disputa en las pláticas con el gobierno británico.

Dominic Raab, secretario de relaciones exteriores del Reino Unido, dijo: “Todas las partes están comprometidas para mitigar los efectos del final del periodo de transición en Gibraltar, y particularmente para asegurar la fluidez en las fronteras, que es claramente lo que más le conviene a las personas que viven en ambos lados. Nos mantenemos firmes en nuestro apoyo por Gibraltar y su soberanía”.

España se rehusó a permitir que el acuerdo de comercio y seguridad postBrexit se aplique en Gibraltar, en donde tiene un reclamo territorial. La cabeza del gobierno gibraltareño, Fabian Picardo, dijo: “Se avecinan complicaciones … es probable que alcancemos un acuerdo para el (libre) tránsito de las personas, pero no de los bienes”.

Irlanda del Norte vivirá una situación similar por fases en el mundo postBrexit, con el requerimiento de declaraciones de aduana cuando los comerciantes del Reino Unido envíen bienes a clientes no empresariales en Irlanda del Norte, retrasados por tres meses.

Con Irlanda del Norte todavía bajo las reglas del mercado único y el sindicato de aduana de la UE, los productos de origen animal enviados ahí desde el resto del Reino Unido también requerirán certificados de salud desde abril.

Traducido por Andrés González

The Guardian