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“Cuanto más se aleja una sociedad de la verdad, más odiará a los que la dicen”. (George Orwell)
Ha llamado la atención que en los últimos meses frente a cambios muy profundos llevados a cabo en México, la amplia mayoría de las escuelas de derecho han tenido un papel preponderantemente testimonial.
Cada sábado por la noche, estos comediantes le dictan a los ciudadanos de Estados Unidos lo que tienen que pensar, lo que les debe gustar y también lo que hay que odiar.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo afirmó que es necesario parar la violencia en las escuelas; mientras que el secretario de Educación destacó que se ha avanzado en la lucha contra el bullying.
Confieso que tenía curiosidad por los comentarios generados entre la crítica, también llamó mi atención que esta temporada tenemos en pantalla a tres mujeres maduras en papeles vulnerables.
Ojalá Macario logre consolidar su sueño de convertirse en artista y vivir de la música, porque aún con el gran apoyo de la tecnología, tendrá que luchar con la inmediatez y lo efímero.
Ahora lo que está en juego no es solo la estrategia de seguridad, sino la capacidad de México para decidir su propio destino.
La moderación de contenido o su regulación pueden desempeñar un papel legítimo para frenar discursos de odio o corregir desinformación peligrosa, protegiendo así el bienestar social.
Tengamos claro algo: si seguimos con orgullo por el camino del odio, la burla y el cinismo, estaremos construyendo un futuro bajo las órdenes y caprichos de una cúpula todopoderosa de intocables.
Es una película aparentemente simple que termina siendo inteligente y profundamente emocional.
A la par de las vías legales en acción y manifestaciones públicas en contra de las ordenes ejecutivas de Trump, el discurso de Budde es una invitación a hacer uso de los espacios que tenemos en nuestra vida diaria para practicar la empatía.